Por José Ángel Solorio Martínez
Con gratitud para el profesor Antonio Treviño Villasana, parte de gallarda y célebre estirpe tulteca, quien fue mi maestro de historia en mis tiempos de normalista
El título de heroica es otorgado por el Congreso del estado, a aquellas ciudades de Tamaulipas, que han aportado a la historia de la entidad, grandes movimientos sociales que defendieron e impulsaron la soberanía, la república y la integridad de la nación. Mucho estas conductas colectivas, han aportado al nacionalismo, que hoy enorgullece a tantos mexicanos.
Ejemplos de esas gestas son Matamoros y Tampico.
Un pueblo olvidado, soslayado de esas prendas por el del Poder legislativo -a pesar de sobrados acontecimientos que encauzaron varias revoluciones del país-, es Tula, Tamaulipas. A pesar de su múltiples y profundas acciones regionales y nacionales de su sociedad, de sus mejores hombres y mujeres, la historiografía ha sido un tanto mezquina con su larga existencia plagada de heroicidad y patriotismo.
Una de las funciones de la historia, es el uso de los valores y principios de nuestros antepasados: forma en el presente el tejido axiológico que redunda en amor a lo que somos y, así, alimentar lo que aspiramos ser.
Definitivamente, es muy bueno que el Poder legislativo genere normas jurídicas para mejorar la coexistencia ciudadana. Los cambios en el Poder judicial local han sido de mucha relevancia para democratizar la justicia; igualmente, las leyes para proteger a los tamaulipecos en estado de vulnerabilidad; no se diga, la creación de instrumentos para inhibir el desaseo en el manejo de los recursos públicos.
Lo que no hay que pasar por alto, es que existen decretos y leyes que son de vital utilidad para incentivar la educación y la cultura cívica, en las comunidades y en los pueblos.
Tula tiene una larga lista de combates contra los que trataron de profanar el suelo mexicano.
El 15 de septiembre de 1810, Mateo Acuña con un núcleo de pobladores, y un puñado de miembros de las naciones de las comunidades originarias decidió levantarse contra el estado colonial y el absolutismo. Cayó preso en el clímax de su gesta; el 21 de mayo de ese año, fue ahorcado en la plaza principal del pueblo, junto con otros líderes del movimiento.
La intervención francesa (1862-1867) por la moratoria a la deuda externa decretada por el presidente Juárez, tuvo como campo de batalla, Tamaulipas. Fundamentalmente en dos puertos el de Bagdad -en Matamoros- y el de Tampico. Tula, vivió en su territorio importantes batallas en donde participó el pueblo tulteco; uno de los líderes más emblemáticos de la resistencia anti-imperial: Pedro José Méndez, peleó en las calles y los llanos semidesérticos de esta ciudad.
En 1846 a 1847, fue capital del estado por la invasión norteamericana.
Para coronar ese largo catálogo de combates por la nación y la república, se sumó Tula y su población, a la revolución de Madero. En 21 de mayo de 1911, Alberto Carrera Torrres, creó el Ejército Libertador de Tamaulipas (ELT) y tomó Tula; la puso en manos de Francisco I. Madero. Fue el inició de la revolución armada en nuestro estado.
¿Será suficiente esa historicidad ejemplar, de la joya del altiplano, para ser considerada ciudad heroica?
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