6 de abril de 2026

DE PRIMERA… LA DAMA DE LA NOTICIA/ POR ARABELA GARCIA

«ISSSTE Matamoros: Entre la corrupción de constructoras y el abandono criminal, la salud de los maestros se muere en la espera»

(6-Abril-2026).- No hay forma elegante de decirlo: la seguridad social en Matamoros ha pasado de la precariedad a la crueldad. Mientras en los discursos oficiales se habla de progreso, en la realidad del ISSSTE, la vida de los maestros y sus familias pende de un hilo, o, mejor dicho, de un presupuesto que se esfumó entre la negligencia y la mala administración.

Es alarmante. Matamoros, una ciudad de empuje y fuerza laboral, hoy no tiene quirófano funcional para sus maestros. Lo que sucedió es un insulto a la inteligencia: se tenía un presupuesto, se tenía un plan, pero a alguien —con más intereses que ética— se le ocurrió cambiar de constructora a mitad del camino. Pasaron seis meses, los costos subieron por la inflación y la obra se detuvo. El resultado: un quirófano de papel y una derechohabiencia en el abandono.

¿Qué pasa con una maestra que entra en labor de parto? ¿Qué sucede con una urgencia quirúrgica de madrugada? La respuesta es el vacío. Los envían al Hospital General como «remiendo» administrativo, pero la realidad es que la mayoría termina desembolsando de su propio bolsillo en clínicas privadas. Es un doble castigo: pagan una cuota por un servicio que no reciben y luego deben pagar de nuevo para no morir.

El factor humano: Médicos héroes, sistema villano. Hay que ser claros: los especialistas y médicos hacen lo imposible. Trabajan con las uñas. Pero la voluntad no suple la falta de equipo, ni reduce la espera de tres meses para una cita de especialidad. Un cáncer no espera tres meses. Una complicación cardíaca no sabe de agendas administrativas.

El campo y el aula: El mismo olvido. Resulta irónico y doloroso ver cómo los sectores que sostienen al país son los más castigados. Los agricultores llevan tres manifestaciones o más exigiendo respuestas y solo reciben silencio. Hoy, el magisterio se suma a esa desesperación. Hay más de 35 mil derechohabientes en la zona, sumando a los miles de jubilados que entregaron 30 o 40 años de su vida al aula y que hoy, en la etapa donde más necesitan salud, reciben la espalda del gobierno federal.

¿Sin salud no hay aulas? La advertencia del Sindicato (Sección 30) es legítima y contundente: ¿Cómo se le puede pedir a un maestro que se presente frente a un grupo si no tiene la certeza de que, si enferma, el gobierno lo va a proteger? La seguridad social no es un favor, es un derecho pagado y ganado.

Se ha formado una comisión para ir a la Ciudad de México. Si allá, en la comodidad de los escritorios de cristal, no entienden que en Matamoros la salud está en cuidados intensivos, las medidas de presión serán inevitables. Porque cuando la administración falla, cuando el quirófano se queda en obra negra y el medicamento llega a cuentagotas, lo único que queda es la protesta.

Es cuestión de humanidad, no de estadística. No tiene sentido que el dinero se pierda en trámites mientras la vida se pierde en las salas de espera. Si no hay respuesta pronto, el magisterio de Matamoros dejará claro que, con la salud de sus familias, no se juega.

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