16 de febrero de 2026

Al Vuelo/ Camaro

Desorden vial en Polideportivo causan prepotentes

Por Pegaso

REYNOSA.- Ayer me tocó cubrir un gran evento deportivo con causa: La Carrera 1, 5 y 10 K “Pequeños Héroes”, donde se logró recaudar más de un millón de pesos para beneficio de los niños con cáncer que atiende la asociación civil “Iluminando Corazones”.
Yo había estacionado mi carro a unos doscientos metros de la entrada del Polideportivo, donde se llevaría a cabo la salida de los competidores.
El sitio donde me estacioné se ubica fuera de un predio, dejando libre la vialidad de terracería que está debajo de la carretera.
La asistencia fue apoteósica. Más de dos mil personas, entre competidores y asistentes, y un número enorme de vehículos que no cabían en los amplios estacionamientos del complejo deportivo.
Cuando terminé de hacer la transmisión en vivo, me dirigí a mi auto, con la intención de llegar a mi casa para seguir disfrutando del domingo de descanso.
Desde lejos vi un aglomeramiento caótico de vehículos y pensé: “¡Ya valió chiche de gallina! Ahora, ¿cómo le hago para salir?”
Efectivamente, mi carro estaba bloqueado por dos filas. Me rasqué la cabeza y busqué la manera de salir, pero era físicamente imposible, porque donde quiera había autos bloqueando.
Inmediatamente a mi izquierda estaba un Camaro rojo de modelo reciente y después, una camioneta pick up.
No se veía gente dentro porque traían vidrios polarizados. Total, después de varios minutos de buscar infructuosamente un resquicio por dónde colarme, me asomé al interior del Camaro, y ¿qué creen que vi? ¡Ahí estaba un sujeto, muy quitado de la pena viendo su celular!
El tipo se dio cuenta que yo quería salir y que no había forma, si es que no se quitaba él para permitirme el paso.
Le toqué la ventana y volteó a verme, pero no la abrió. Me fui con el cuate de la camioneta e hice lo mismo, pidiéndole que moviera su vehículo para poder salir.
Ninguno quiso moverse. Llamé por teléfono a mi amigo Geovanni Barrios, Jefe de Seguridad Pública para que enviara una patrulla de tránsito, pero no me contestó. Tuve que ir hasta donde estaba una agente de vialidad, quien acudió solícitamente a pedirles a los dos tipos que dejaran libre la salida.
El del Camaro rojo dijo que yo tenía la culpa por haberme puesto ahí. Tras una rápida ojeada, la agente les dijo que no, que me estacioné bien y que ellos eran los que estaban en doble y triple fila, estorbando la salida. Sin embargo, el del Camaro se mantenía necio, diciendo que la culpa fue mía por haber llegado antes.
Quise tomar mi teléfono y grabar para hacerlo viral como “Lord Camaro”, pero me contuve al ver el rostro de mañoso que se cargaba.
Total, después de una discusión que se prolongó por largos minutos, la agente logró que se movieran y yo pude salir del atascado lugar, no sin antes enviar una señal de agradecimiento a la cumplida servidora pública.
Aquí la cuestión no es el hecho de que en eventos de este tipo, el estacionamiento del Polideportivo queda muy chico.
El tema es: ¿En qué momento decidimos convertirnos en patanes y desgraciar la vida de los demás?
El del Camaro, evidentemente, trajo a alguien de su familia para competir en una sana justa deportiva, habiendo cubierto el costo del boleto motivado tal vez por un sentimiento noble que es el de apoyar a los niños con cáncer.
Pero todo eso se va al traste, cuando demostramos prepotencia y valemadrismo, cuando buscamos trasladar nuestras propias culpas a los demás y nos convertimos en orangutanes -con perdón de los orangutanes- sin educación, carentes de empatía.
Si el tipo del Camaro rojo está leyendo esto, sepa que se salvó de hacerse viral en las redes sociales bajo el rimbombante título de “Lord Camaro”.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Les penetra por una cavidad auricular y les emerge por la contraria”. (Les entra por una oreja y les sale por otra).

Al Vuelo-Camaro

#pegasiuxdepetatiux