La gobernabilidad futura del país
(14-Enero-2026).- El escenario internacional signado por la estrategia del gobierno estadounidense con guerra anti drogas -justificación para la intervención en los asuntos que son propios de los mexicanos-, delineará sin duda las dinámicas de las elecciones de Tamaulipas el 2027 y el 2028.
Sobre todo en lo que a muchos interesa: la postulación de candidatos.
Esa peculiaridad deja al margen de participación decisiva a los grupos de poder institucionales y fácticos. Abre al mismo tiempo, la determinación absoluta de esa decisión a los poderes centrales, federales.
Es probable que el interés estratégico de algunos municipios den prioridad al interés nacional; sobre todo los fronterizos por su cercanía a USA y por ser sede y hospedero del CO entidad tan útil para las políticas y los fines de Trump. (Sobre todo para sus ideas de intervención).
¿Para qué darle motivos a don Donald de seguir con sus presiones?
¿A quién le interesa el poder municipal en municipios sin importancia territorial, demográfica o económica?
Nuevo Laredo, Reynosa, Río Bravo y Matamoros tendrán candidatos desvinculados a los poderes aviesos.
No se trata de reclutar santos; se verá , que los representantes de los aportados que funjan como candidatos sean un asunto aparte del mundo delictivo, ya satanizado por Trump y socios.
El mundo de la droga no es el único que ha sido tachado por el escenario regional. En los recientes tiempos, se ha sumado a la señalización de la autoridad el trasiego de combustibles ilegales.
Los estupefacientes y el guachicol, son ingredientes que se han mezclado en la vida política tamaulipeca. Uno y otro, son fuente de enormes cantidades de dinero que han sido utilizados en inversiones de diversos proyectos políticos. Más para lavar fondos que -aunque no es desdeñable esto- por inmiscuirse en disputas por la autoridad.
El guachicol se expandió en el sur y centro del estado. Por dos razones: el norte ya estaba ocupado, por actores que ganaron en antigüedad y en control territorial.
Esa división geográfica, se ha mantenido hasta hoy sin grandes turbulencias.
Nuestra clase política no pudo sustraerse de este fenómeno. Pocos actores, cruzaron el pantano sin mancharse.
Esta coyuntura, le otorga a la presidenta Claudia Sheinbaum la responsabilidad de ser el factor decisivo en la designación final.
¿Quién más?
¿Consultará a los gobernadores?
Si.
¿Les hará caso?
No.
Nunca un presidente, ha puesto en un gobernador, la futura gobernabilidad del país.
Y menos ahora.
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