13 de junio de 2024

Un conflicto de la Casa Blanca que llega hasta Nuevo León

  • Detrás de la acusación del Departamento de Justicia contra Henry Cuellar aparecen desencuentros y tensiones por la política fronteriza de los demócratas.

Por Milton Merlo

El anuncio el pasado viernes de una pesquisa del FBI sobre el congresista demócrata de Texas, Henry Cuellar, por una trama de supuestos sobornos conmueve a la política de Nuevo León, donde el congresista forma parte obligada del mosaico del poder local.

Representante en Washington de un distrito que comienza en el Río Bravo y llega hasta San Antonio, Cuellar es, desde hace años, la referencia para buena parte de la política estatal en cuestiones de frontera, seguridad, comercio, aduanas que vinculen a Nuevo León con Texas. Además, su hermana es jueza y su cuñado Sheriff, con todo lo que eso implica en dicho estado sureño.

Es tal el nivel de compenetración que tiene Cuellar con los avatares políticos de Nuevo León que en las elecciones a gobernador del 2021 fue el primero en tener gestos de amistad con el actual gobernador Samuel García. El resto de los congresistas texanos, tanto republicanos como demócratas, estaban convencidos de que la elección la iba a ganar Adrián De la Garza.

Nuevo León es un escenario circunstancial de una pelea de fondo que se libra en Washington y que está vinculada a las fricciones de Cuellar con la Casa Blanca de Joe Biden.

La frontera se ha vuelto un terreno crucial para los demócratas y en esa agenda Cuellar ensaya un equilibrio que no rompe con su partido pero que no lo aleja demasiado del gobernador republicano Greg Abbot, muy enfrentado a Biden y con ciertas chances de ser vicepresidente de Donald Trump en el ticket republicano.

En marzo Cuellar comenzó a reunir a representantes de ambos partidos para intentar un nuevo pacto fronterizo luego de que fracasara el que impulsaba Biden que endurecía controles y leyes para contener la migración. En esas conversaciones Cuellar mencionaba que el staff de la Casa Blanca ignoraba demasiados factores decisivos del drama fronterizo.

Cuellar había estado a fines de enero en Palacio Nacional y había comentado algunas de sus ideas con Andrés Manuel López Obrador, especialmente en lo referido a impulsar una norma para la frontera que permitiera financiera no solo más equipos y seguridad, sino que además se votara la creación de nuevos juzgados fronterizos para procesar peticiones de asilo.

Estos movimientos, tanto los que realizó en Washington como la conversación en Ciudad de México, no gustaron en el equipo de Liz Sherwood-Randall, consejera de seguridad de la Casa Blanca y asesora de Biden para todo lo referido al vínculo con México.

De hecho, tal como Cuellar cuenta a sus allegados, comenzaron a circular en el Capitolio rumores de que detrás de sus propuestas estaban las compañías proveedoras de equipos de seguridad y vigilancia que buscarían ser proveedoras de todo lo necesario para blindar la frontera. Cerca del congresista están convencidos de que esas historias provienen de la Casa Blanca.

Es imposible separar este contexto de la acusación del Departamento de Justicia del pasado viernes. Sucede lo mismo en la Cámara Alta con la investigación por supuestos sobornos que pesa sobre el senador Bob Menéndez, históricamente distante de Biden y del matrimonio Obama y que le ha frenado designaciones clave al gobierno demócrata en la comisión de Relaciones Exteriores.

Biden es un hombre del sistema, esa es otra de sus dicotomías con Trump. Y el sistema, como es de esperar, le responde.