15 de julio de 2024

AL VUELO/ Por Pegaso 

Asesino

De vez en cuando me da por analizar las letras de canciones famosas pero, créanme, a veces acabo más confundido que al principio.

Por ejemplo, aún no logro entender por qué alguien quería meterse con su, o por qué Carmen le regaló la cadenita.

Pero lo que no me cabe en la cabeza es que hayan hecho una canción llamada “Mátalas” y no se les haya fincado de perdida una averiguación previa.

La tal canción, interpretada por Alejandro Fernández, dice así:

Amigo, ¿qué te pasa? ¡Estás llorando!

Seguro es por desdenes de mujeres.

No hay golpe más mortal para los hombres,

que el llanto y el desprecio de esos seres.

Amigo, voy a darte un buen consejo,

si quieres disfrutar de sus placeres

consigue una pistola si es que quieres,

o cómprate una daga, si prefieres

y vuélvete asesino de mujeres.

¿Ya lo ven? Tanto el cantante como el compositor incurren en una figura jurídica conocida como “apología del delito”, al aconsejar que se compre un arma para gozar de los placeres que proporcionan las mujeres.

Y aquí viene lo más perturbador:

Mátalas.

Con una sobredosis de ternura.

Asfíxialas con besos y dulzuras.

Contágialas de todas tus locuras.

Mátalas.

Con flores, con canciones, no les falles,

que no hay una mujer en este mundo

que pueda resistirse a los detalles.

¡Ahí está!¿No se los dije?

No importa el método que se utilice. Asesinato es asesinato.

Me imagino que al llegar el forense al lugar del crimen, hará un detallado y minucioso estudio de la posición del cuerpo, las livideces y las marcas que en el cuerpo deja siempre el arma homicida.

-¡MMMhhhh!-diría el especialista. A esta mujer alguien la mató a besos, hasta asfixiarla. Busquen a un trompudo que tenga los labios de ventosa.

O algo así por el estilo.

De veras. No alcanzo a comprender que alguien haga ese tipo de canciones sin recibir el castigo que se merece por complicidad en un homicidio doloso.

Y eso de la sobredosis de ternura suena a algo cruel.

No. Definitivamente no comulgo con ese tipo de canciones, como tampoco alcanzo a comprender por qué está cerrada con tres candados la puerta negra y por qué relinchaba el Siete Leguas.

Mí no saber.

Quédense mis dos o tres infatigables lectores con el refrán estilo Pegaso: “A la fémina, ni la totalidad del apego romántico ni la totalidad de la moneda corriente”. (A la mujer, ni todo el amor ni todo el dinero).