EL CACHORRO NO APRENDE: PERDIÓ REYNOSA Y EL PAN CON ÉL BUSCA PERDERLA OTRA VEZ
- Luis René Cantú Galván, conocido en el mundo de la política como “El Cacharro” no ha aprendido la lección. Y ahora, después de haber empinado al Partido Acción Nacional de Tamaulipas, y saquearlo, sueña con ser, nuevamente, el candidato de ese partido al Gobierno de Reynosa. Este nefasto personaje no ha aprendido y confirma la regla de que el ser humano es el único ser en el mundo que tropieza dos veces con la misma piedra. Si el Cacharro va como candidato, el PAN debe dar por perdido el fronterizo municipio fronterizo. Tiempo al tiempo.
En política, perder no siempre es el problema. El verdadero problema comienza cuando alguien pierde, no hace autocrítica, no reconoce sus errores y, como si nada hubiera ocurrido, vuelve a levantar la mano convencido de que la siguiente candidatura está esperándolo. Y ese parece ser el caso de Luis René “El Cacharro” Cantú Galván, quien después de su derrota por la Presidencia Municipal de Reynosa en 2024 vuelve a levantar la mano rumbo a la contienda de 2027. ¿Enserio?
Hay aspiraciones legítimas y hay ambiciones que parecen no conocer límites. Y cuando un personaje insiste en regresar al mismo escenario sin explicar qué aprendió de su fracaso anterior, la pregunta deja de ser si tiene derecho a competir. Por supuesto que lo tiene, pero la pregunta verdaderamente incómoda es otra: ¿qué razones tendría el PAN para apostar nuevamente por un perfil perdedor, como el del “Cacharro” y que siendo sometido al juicio de las urnas su desempeño partidista dejó muchas heridas internas y desprecios políticos?
En la elección municipal de Reynosa de 2024, Carlos Peña Ortiz, mejor conocido como “Makito”, obtuvo 116 mil 971 votos, frente a los 52 mil 415 de Luis René Cantú Galván, de acuerdo con los datos del Instituto Electoral de Tamaulipas. La diferencia fue contundente: más del doble de sufragios para el candidato ganador, lo que dejó claro que Peña trapeó y barrió con un soberbio presidente del PAN de Tamaulipas, quien hizo durante los últimos años un uso patrimonialista de ese partido, como si fuera de su propiedad.
Ésta de ninguna manera fue una derrota que pudiera esconderse detrás de una diferencia mínima ni un resultado que se pudiera explicar simplemente por una mala jornada electoral. Claro que no. Fue una zapatería y un muy claro mensaje político que merecía una revisión seria: ¿qué falló?, ¿por qué la candidatura panista en Reynosa no pudo convencer a más ciudadanos?, ¿qué responsabilidad tuvo el candidato “Cacharro” y cuál correspondió a la estructura partidista que lo respaldó?
Porque si algo debe enseñarle la política a sus protagonistas es que las candidaturas no se ganan por insistencia, por antigüedad o por cercanía con los grupos de poder. Se ganan construyendo confianza, sumando voluntades y presentando una alternativa ganadora capaz de convencer al electorado.
Pero parece que para “El Cacharro”, la derrota de 2024 no representa un punto de inflexión, sino apenas un triste capítulo que puede dejarse atrás mientras le llega la siguiente oportunidad política.
Y es que el problema real de Luis René Cantú Galván no se limita a su derrota municipal. Su problema mayor es su paso por la dirigencia estatal del PAN, el qué también quedó marcado por una confrontación interna que terminó desembocando en la renovación del liderazgo albiazul.
El periodo de su dirigencia estuvo acompañado de incalculables cuestionamientos por los malos resultados electorales, la división entre grupos y el debilitamiento del partido en municipios estratégicos. Y en julio de 2026, la militancia eligió una nueva dirigencia estatal encabezada por Gloria Garza Jiménez, en un proceso que representó el cierre de una etapa para el panismo tamaulipeco. Vamos, a los panistas tamaulipecos “El Cacharro” y su “equipo” los dejaron muy enojados y frustrados.
¿O cómo explicar que hayan perdido el poder cuando tenían todo para haber ganado y ganado bien? Durante el tiempo que “El Cacharro” estuvo al frente del blanquiazul, se dio vida de lujos a costa de los recursos públicos de los panistas, quienes dejaron de recibir esos dineros para actividades políticas.
Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de este episodio: si un dirigente no consiguió mantener cohesionado a su partido ni evitar que el PAN perdiera terreno en plazas importantes, ¿con qué argumentos pretende convencer ahora a los ciudadanos de que él representa la mejor alternativa para gobernar una de las ciudades más relevantes de Tamaulipas?
No se trata de negar derechos políticos ni de decretar que alguien no pueda volver a competir. Se trata de exigir congruencia. Quien aspira a gobernar debe estar dispuesto a responder por sus resultados, buenos o malos, y no solamente a hablar de sus proyectos futuros. Luis René se encerró en la oficina principal del PAN de Tamaulipas durante más de 4 años y se olvidó del compromiso con la militancia.
Y es que el Partido Acción Nacional tiene hoy un dilema que no puede resolver con sentimentalismos ni con acuerdos de cúpula: decidir si quiere reconstruir su presencia electoral en Reynosa o si está dispuesto a repetir apuestas que ya demostraron sus limitaciones y que son proyectos perdedores.
El partido blanquiazul necesita liderazgos renovados, propuestas convincentes y una estructura que vuelva a conectarse con la ciudadanía. Necesita también abrir la puerta a nuevos perfiles y dejar atrás la idea de que los mismos nombres deben aparecer una y otra vez en las boletas, aunque los resultados anteriores no hayan sido favorables.
Si el PAN pretende competir seriamente en 2027, s-e-r-i-a-m-e-n-t-e- dije, su dirigencia deberá evaluar perfiles con criterios objetivos: posicionamiento ciudadano, capacidad de organización, propuestas, trayectoria, honestidad, seriedad y posibilidades reales de construir una mayoría. Y la lealtad a un grupo o la insistencia de un aspirante no pueden sustituir esa evaluación.
Una candidatura no debe ser un premio por haber ocupado una dirigencia, pero tampoco debe ser una indemnización política por una derrota anterior ni una concesión para satisfacer el ego de quien se resiste a abandonar los reflectores.
Reynosa necesita una oposición capaz de presentar alternativas serias, lo que definitivamente no es Luis René, y fiscalizar al gobierno y convencer a los ciudadanos de que existe una opción distinta. Además, el PAN no necesita que las disputas internas de sus militantes terminen convertidas en una competencia por ver quién consigue la siguiente nominación.
Luis René “El Cacharro” Cantú Galván está en su derecho de aspirar nuevamente a la Presidencia Municipal de Reynosa. Pero tener derecho a buscar una candidatura no significa tener los méritos suficientes para obtenerla, y mucho menos que el partido esté obligado a entregársela. ¿Por qué no ha pensado “El Cacharro” en transparentar los recursos que se llevó a su casa durante su dirigencia? ¿En que se gastó el dinero? ¿Cuánto recibió? ¿Cuánto debe el PAN en multas? ¿Por qué ocurrió la debacle en 2022? Lamentablemente, “El Cacharro” no quiere y dice que no tiene porque dar explicaciones a nadie, porque “el presidente del PAN fui yo”.
La diferencia entre un político con futuro y uno atrapado en su pasado suele encontrarse en su capacidad para reconocer los errores, escuchar las críticas y entender que ninguna posición le pertenece para siempre. Y ese es “El Cacharro”. Se siente muy fregón y algunos de sus correligionarios lo tachan de “inservible”.
El Cachorro tiene ante sí una oportunidad de oro para demostrar que aprendió del 2024, disculparse y retirarse de la competencia. Sin embargo, si su estrategia consiste únicamente en volver a levantar la mano y confiar en que las circunstancias cambiarán por sí solas, el riesgo de repetir la derrota habrá de perseguirlo siempre.
Y el PAN debe entender que una nueva candidatura no se construye desde la nostalgia, por los cargos perdidos, sino desde la confianza que todavía se puede conquistar. Y esa confianza no la tiene “El Cacharro”, ni el partido ni la militancia.
Reynosa no necesita candidatos que se nieguen a aceptar el resultado de las urnas. Reynosa necesita liderazgos que entiendan que la ciudad está por encima de cualquier ambición personal. Y el PAN debe decidir si quiere competir para ganar o si está dispuesto a volver a apostar por el pasado, mordiendo el polvo nuevamente y entregando la plaza a otro partido político.
Y la pregunta queda en el aire: ¿El Cachorro aprendió de la derrota o simplemente está esperando que vuelva a abrirse la puerta de la candidatura y del dinero? No, “El Cacharro” no ha aprendido de sus errores y en ese escenario, le ganan las ambiciones. Pobre sujeto.
PD. 1. Grupo Televisa S.A.B. anunció este martes 13 de octubre la compra de AT&T en México, en acuerdo con un consorcio de la compañía Fintech Holdings Inc., operación en la cual se habrán de invertir alrededor de 2 mil millones de dólares.
Una vez concretada la operación, izzi y Sky sumarán con AT&T México, 25 millones de líneas móviles, 18% del mercado; 5.7 millones de accesos de banda ancha, 19%; 6.4 millones de suscriptores de video; y la mitad del mercado de televisión de paga.
Sus ingresos conjuntos rondarán los 8 mil millones de dólares anuales, cerca de 23% del mercado de las telecomunicaciones.
Con eso se ubicará en segundo lugar, detrás de América Móvil (58%) y por delante de Totalplay (7.5%) y Megacable (6%). Cabe mencionar que, la transacción, aún requiere la autorización de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) y de la Comisión Nacional Antimonopolio.
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