Por Román Bock
(12-Octubre-2026).- En política hay quienes buscan los reflectores y quienes trabajan para construir los acuerdos que hacen posibles los grandes acontecimientos. Hay quienes aparecen en la fotografía y quienes, mucho antes de que esta se tome, han recorrido un largo camino de diálogo, interlocución y organización.
El Encuentro Nacional de Movimientos Sociales y Morena, celebrado el pasado domingo 11 de octubre en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, en la Ciudad de México, reunió a más de dos mil participantes de distintas organizaciones populares, sindicales, campesinas y movimientos sociales. Pero detrás de este encuentro existe una historia de trabajo político, construcción de acuerdos y articulación de voluntades que merece ser contada.
Y en esa historia hay un nombre que destaca: Alejandro Robles.
El encuentro no surgió de la improvisación ni de una convocatoria de última hora. Fue resultado de un proceso de acercamiento entre organizaciones con distintas trayectorias, demandas y formas de lucha, en el que Alejandro Robles ha venido desempeñando un papel de interlocución y articulación política.
Quienes hemos tenido oportunidad de conocer de cerca su trabajo sabemos que Alejandro entiende una regla fundamental de la política: los acuerdos no se imponen, las alianzas no se improvisan y la confianza se construye con diálogo, perseverancia y respeto.
Tejer fino, construir puentes y encontrar coincidencias entre distintas expresiones sociales también es hacer política de altura.
La presencia de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, acompañada de integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, dio relevancia institucional a este reencuentro.
Entre los dirigentes cuya participación se ha señalado estuvieron Carolina Rangel Gracida, secretaria general; Manuel Zavala, secretario nacional de Organización; Camila Martínez Gutiérrez, secretaria de Comunicación, Difusión y Propaganda; Arturo Núñez, secretario nacional de Arte y Cultura; y Adriana Grajales, secretaria de Mujeres.
Del lado de los movimientos sociales, destacó la presencia de referentes históricos como Bertha Luján Uranga, así como de Felipe Rodríguez, identificado como dirigente nacional de la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ), y Eugenio Padrón, del Movimiento Humanista Obradorista.
También participaron representantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, organizaciones campesinas, sindicales y colectivos populares que han mantenido durante décadas sus propias luchas por la justicia social.
La presencia de estas organizaciones tiene un significado que va mucho más allá de un encuentro partidista. Estamos hablando de movimientos con historia, con identidad propia, con liderazgos territoriales y con causas que, en muchos casos, existían mucho antes del nacimiento de Morena.
Desde mi perspectiva, estamos frente a uno de los esfuerzos de rearticulación entre Morena y los movimientos sociales más significativos de los últimos años.
Para comprender su importancia debemos remontarnos a 2018, cuando el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador alcanzó la Presidencia de la República.
Aquella victoria fue resultado de una amplia convergencia de ciudadanos, organizaciones populares, movimientos sociales y expresiones políticas que encontraron una causa común. Sin embargo, el crecimiento de Morena como fuerza electoral y su posterior transformación en partido de gobierno modificaron inevitablemente la relación con algunas de las organizaciones que contribuyeron a su origen.
Lo que hoy estamos presenciando es la posibilidad de recuperar esa articulación histórica, reconciliando dos dimensiones que nunca debieron considerarse contradictorias: la fuerza de un movimiento de masas y la organización permanente de las causas populares.
En este proceso adquiere especial relevancia el trabajo que ha venido desarrollando Alejandro Robles, quien ha insistido en que Morena debe entenderse como un movimiento de movimientos, capaz de abrir espacios a las demandas de quienes históricamente han sido excluidos.
Su planteamiento va más allá de reunir dirigentes o sumar organizaciones. Propone construir una agenda común donde las luchas sociales encuentren cauces de participación y donde la representación institucional mantenga una relación permanente con las comunidades.
La propia Ariadna Montiel dejó una reflexión durante el encuentro: sería un error pensar que las luchas sociales concluyeron cuando Morena llegó al gobierno. La organización popular, sostuvo, debe permanecer viva más allá de los procesos electorales.
Y es precisamente ahí donde este reencuentro adquiere una dimensión política nacional.
Tamaulipas también dijo presente.
Desde nuestro estado acudieron participantes y representantes de distintas expresiones sociales provenientes de Altamira, la zona conurbada de Tampico, la región cañera del sur de Tamaulipas, Ciudad Victoria y Matamoros.
Destacó particularmente la participación de compañeros vinculados con la UPREZ en Altamira y el sur del estado, así como de representantes de movimientos y organizaciones populares de otras regiones tamaulipecas.
Esta presencia territorial nos recuerda que las grandes transformaciones no se construyen exclusivamente desde las dirigencias nacionales. Nacen en los municipios, en las colonias populares, en las comunidades rurales, en los centros de trabajo y en los espacios donde diariamente se defienden derechos y se organizan las demandas ciudadanas.
Tamaulipas tiene una larga historia de organización social, de luchas obreras, campesinas y comunitarias, pero también de organización migrante.
Y desde esa experiencia considero indispensable que las comunidades mexicanas en el exterior tengan un lugar dentro de esta nueva etapa de articulación popular.
Los migrantes también somos parte de las luchas sociales de México. Nuestra historia está ligada a la defensa de los derechos laborales, a la dignidad humana, a la organización comunitaria y a la exigencia de una representación política que reconozca nuestra aportación al país.
Por ello, resulta relevante que Alejandro Robles haya colocado entre sus planteamientos la inclusión de comunidades migrantes, pueblos indígenas, personas con discapacidad, afrodescendientes y otros sectores históricamente excluidos.
Pero esa inclusión no puede limitarse a una fotografía o a un reconocimiento discursivo. Debe traducirse en derechos, oportunidades, participación y mejores condiciones de vida.
El encuentro también abrió una discusión sobre la defensa de la soberanía nacional, particularmente importante ante las tensiones geopolíticas que enfrenta nuestra región y los desafíos que México debe atender en su relación con el exterior.
En ese contexto, la articulación de los movimientos sociales puede contribuir a construir una agenda nacional que combine la defensa de la autodeterminación con las demandas de justicia social.
Rumbo a 2027, es natural que un encuentro de esta magnitud tenga lecturas dentro del tablero político nacional. La participación de organizaciones con presencia territorial, liderazgos históricos y capacidad de movilización plantea interrogantes sobre su relación futura con la representación política y las instituciones.
Sin embargo, reducir este esfuerzo a una coyuntura electoral sería desconocer la historia y la autonomía de los movimientos que participaron.
El verdadero desafío será construir mecanismos permanentes de diálogo, respetar la identidad de cada organización y traducir las coincidencias en propuestas y resultados concretos.
Y aquí volvemos al papel de Alejandro Robles.
La política nacional no se construye solamente desde los cargos públicos o las posiciones partidistas. También se construye mediante la capacidad de interlocución, el conocimiento de los territorios y la disposición para sentar en una misma mesa a organizaciones con historias, liderazgos y demandas diferentes.
Alejandro Robles ha venido trabajando precisamente en ese terreno: el de la articulación política y social.
En el tablero nacional de Morena, donde frecuentemente la atención se concentra en candidaturas, encuestas y aspiraciones electorales, este encuentro permite observar otra dimensión del ejercicio político: la construcción de acuerdos entre organizaciones y dirigencias.
Desde mi perspectiva, el esfuerzo realizado merece reconocimiento, pero también seguimiento. Su trascendencia dependerá de que los compromisos encuentren continuidad y de que las organizaciones participantes conserven una interlocución real con los espacios de decisión.
Porque la política no consiste únicamente en ocupar posiciones de poder. También implica construir caminos para que las causas colectivas tengan voz, representación y respuestas.
El encuentro del 11 de octubre deja una señal importante: existe la voluntad de recuperar una relación más estrecha entre Morena y los movimientos sociales que han acompañado distintas etapas de la transformación del país.
Y dentro de ese proceso, Alejandro Robles aparece como uno de los actores que han dedicado tiempo y trabajo a construir esa interlocución.
En política, mover las fichas requiere habilidad; pero construir puentes, sumar voluntades y articular luchas históricas exige oficio, paciencia y visión de largo plazo.
Ese es el terreno en el que hoy se desarrolla una parte importante de la actividad política de Alejandro Robles.
Y sus resultados deberán medirse no solamente por la magnitud de este encuentro, sino por la capacidad de convertir el reencuentro en una alianza permanente al servicio de las causas sociales.
Román Bock
NOTAS RELACIONADAS
AQUÍ RÍO BRAVO/ Por Daniel Enrique ROMERO ALEMÁN
DE PRIMERA… LA DAMA DE LA NOTICIA/ POR ARABELA GARCIA
Tiempos de Guerra/ Por: Chano Rangel