Durante años hemos estado atados a la idea de que el esfuerzo es suficiente para alcanzar la grandeza. En el deporte, esa narrativa resulta irresistible. Nos enamoran los equipos que construyen un proyecto, los jóvenes que se desarrollan desde las ligas menores y las instituciones que tardan años en levantar un campeonato.
Pero ¿qué ocurre cuando una organización ya lo tiene todo? ¿Qué ocurre cuando el éxito deja de ser una meta y se convierte en una obligación? Quizá esa sea la pregunta que los Dodgers están obligando a hacerse sobre el béisbol.
Mientras observaba los movimientos de los Dodgers durante este verano, no podía dejar de pensar en eso. Porque los Dodgers ya son una de las organizaciones más exitosas del deporte profesional. Tienen recursos prácticamente ilimitados, una marca global, algunas de las mayores figuras del béisbol y una estructura que parece diseñada para competir por campeonatos cada temporada, y , aun así, siguen buscando más.
La adquisición de Tarik Skubal no solo fortalece una rotación ya dominante. También reabre una conversación que el béisbol ha intentado evitar durante años: ¿qué tan competitivo puede seguir siendo un deporte cuando sus equipos más poderosos continúan acumulando talento sin encontrar demasiada resistencia? Lo más fácil sería culpar a los Dodgers, pero esa sería una conclusión equivocada, ellos son solo la consecuencia. Están haciendo exactamente lo que cualquier organización ambiciosa haría si tuviera la oportunidad: aprovechar los recursos disponibles, convencer a los mejores jugadores y construir el mejor equipo posible. Ninguna institución deportiva existe para ser justa con sus rivales; existe para ganar. La verdadera pregunta no es qué están haciendo los Dodgers, sino por qué el resto del béisbol permitió que esta fuera una posibilidad.
Sobre el papel, la realidad empieza a ser abrumadora. Una de las mejores rotaciones del béisbol, un bullpen de élite y una ofensiva capaz de producir carreras de múltiples maneras. El resultado es una estructura diseñada para que cualquier temporada sin Serie Mundial parezca un fracaso.
Durante el próximo invierno, la MLB volverá a debatir temas que llevan años rondando la mesa: competitividad, contratos históricos, distribución de ingresos y la posibilidad de implementar mecanismos que reduzcan la distancia entre los más ricos y el resto, Cada vez más aficionados observan la situación y llegan a una conclusión sencilla: si los equipos más poderosos siguen acumulando talento, el deporte necesita un tope salarial.
Suena razonable, hasta que uno observa el otro lado de la moneda: los jugadores, imagínense ser extraordinarios en su trabajo y les digan «Lo siento, solo pueden ganar el salario mínimo», “¿Por qué mi talento tiene un límite de valor si alguien puede pagarlo?, Lo entienden ahora.
LaLiga es un ejemplo interesante. Existen controles financieros complejos que buscan proteger la estabilidad de los clubes, pero eso no ha eliminado las diferencias entre los gigantes y el resto. El Real Madrid, el Barcelona y el Atlético de Madrid continúan dominando la conversación año tras año.
La NFL ofrece un modelo distinto. Un límite uniforme para todos los equipos, reparto de ingresos y una estructura diseñada específicamente para mantener la competitividad. El resultado suele traducirse en una liga donde las sorpresas ocurren con mayor frecuencia y donde reconstruir una franquicia resulta mucho más rápido.
Pero el béisbol no es la NFL, ni económica ni culturalmente, y ahí reside el conflicto, porque la MLB no solo mueve miles de millones de dólares. También genera empleo, turismo, consumo y actividad económica en decenas de ciudades durante buena parte del año. Cualquier conflicto laboral importante tendría consecuencias mucho más amplias que las de un simple desacuerdo deportivo, por eso, la conversación actual trasciende a los Dodgers, Lo que realmente está en juego es el futuro de la competitividad en el béisbol.
Durante décadas, el deporte trabajó para convertirse en una industria más poderosa, hoy enfrenta el desafío de evitar que ese mismo poder termine desequilibrándolo, por eso no veo a los Dodgers como villanos, los veo como un espejo, un reflejo de todo aquello que el béisbol moderno recompensa, y aunque parezca una locura decirlo, e irónico, la competitividad del beisbol puede decidirse si fracasan los Dodgers este año y no es por querer castigarlos, ni porque hayan hecho algo incorrecto, sino porque el deporte necesita recordar que todavía existen caminos distintos hacia la gloria, que el dinero ayuda, pero no garantiza, que los campeonatos todavía deben ganarse en el campo, y que la esperanza, esa que empuja a un aficionado a creer en lo imposible durante cada primavera, sigue siendo el recurso más valioso que tiene el béisbol, porque el día en que un campeonato pueda predecirse desde la chequera, el béisbol dejará de ser una competencia para convertirse en una inversión.
La gloria no es de quien la consigue, sino de quien la disfruta.
Yonatan Domínguez
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