Por René Martínez BravoEn política existen discursos que generan expectativas y gobiernos que terminan siendo evaluados por algo mucho más contundente: los resultados. Y cuando esos resultados provienen de un organismo autónomo como el INEGI, el debate deja de girar alrededor de percepciones partidistas para centrarse en cifras que reflejan el sentir ciudadano.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), correspondiente al segundo trimestre de 2026, confirma que #NuevoLaredo no solo mantiene una ruta ascendente, sino que consolida un modelo de gobierno que ha logrado construir confianza entre la población.
El dato es contundente. La percepción de efectividad del gobierno municipal pasó de 51.4 a 57.0 por ciento en apenas un trimestre, un crecimiento de 5.6 puntos porcentuales que coloca nuevamente a Nuevo Laredo, por quinto año consecutivo, como el municipio mejor evaluado de Tamaulipas.
La diferencia con el resto de las principales ciudades del estado es amplia. Mientras Nuevo Laredo alcanza 57 por ciento, Tampico registra 38.1, Ciudad Victoria 24.3 y Reynosa apenas 15.1 por ciento. La distancia no es menor; refleja que la ciudadanía distingue cuando un gobierno atiende los problemas cotidianos con eficacia.
Más aún, el municipio fronterizo se ubica en el cuarto lugar nacional en percepción de efectividad gubernamental, solo detrás de Ciudad del Carmen, San Nicolás de los Garza y Apodaca. Entrar a ese grupo significa competir con administraciones que hoy son referencia nacional en desempeño municipal.
Pero quizá el aspecto más importante de la medición no sea el ranking, sino la constancia. Mantenerse durante cinco años entre los gobiernos municipales mejor evaluados de México difícilmente puede atribuirse a una coyuntura. Es el resultado de una administración que ha logrado sostener una política pública con continuidad, planeación y capacidad de respuesta.
Las cifras también explican por qué crece la confianza. Los indicadores relacionados con los rezagos urbanos muestran mejoras importantes: la percepción sobre los baches bajó de 82.6 a 75.5; el alumbrado público de 63.8 a 53.9; los parques descuidados de 39.6 a 29.1; las fugas de agua de 67.8 a 58.5; el drenaje de 59.3 a 44.8; las coladeras obstruidas de 62.6 a 58.1; y el tratamiento de aguas residuales presentó la reducción más significativa, al pasar de 37.6 a 14.4 puntos, una mejora de 23.2 puntos porcentuales.No son cifras aisladas. Son indicadores que impactan directamente en la vida diaria de las familias y que hablan de una administración que decidió atacar rezagos históricos mediante inversión en infraestructura, modernización de servicios públicos, programas sociales, apoyos educativos, acciones en salud y una política permanente de cercanía con la ciudadanía.
La confianza no se decreta ni se construye únicamente con comunicación institucional. Se gana cuando el ciudadano percibe que las calles mejoran, que los servicios funcionan, que los espacios públicos se recuperan y que existe un gobierno que responde.
Los datos del INEGI parecen confirmar precisamente eso: la gestión encabezada por Carmen Lilia Canturosas Villarreal ha logrado traducir la inversión pública en una percepción positiva entre la población. Y en política, pocas credenciales pesan tanto como la confianza ciudadana sostenida en el tiempo.
Cuando un gobierno consigue mantener durante cinco años el respaldo de sus habitantes y, además, posicionarse entre los mejores evaluados del país, deja de hablarse de un buen momento para comenzar a reconocer la consolidación de un proyecto de gobierno cuyos resultados hoy son medibles, verificables y respaldados por la propia ciudadanía.
Hasta la próxima
renovacion44@hotmail.com

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