Por René Martínez Bravo
(12-Julio-2026).- Las palabras del ex diputado Leonel Cantú Robles no pasaron inadvertidas. Más allá de provenir de un militante histórico del Partido Acción Nacional, representan un reconocimiento de la realidad política que vive Reynosa: la oposición atraviesa uno de sus momentos más débiles.
Su diagnóstico fue contundente. Frente a la nueva dirigencia estatal del PAN, Leonel planteó la urgencia de reconstruir al partido si pretende competir con dignidad en el proceso electoral de 2027. Y fue todavía más lejos al afirmar que, en Reynosa, prácticamente no existe oposición, a pesar de contar con tres regidores en el Cabildo.
La declaración no es menor. Es la aceptación pública de que el PAN perdió presencia territorial, liderazgo y capacidad de convertirse en un verdadero contrapeso político. Cuando esa conclusión proviene desde el interior del propio partido, el mensaje adquiere un peso distinto.
Mientras el panismo intenta reorganizarse, otro fenómeno comienza a tomar forma.
La aparición de nuevos partidos está funcionando como un imán para cuadros políticos que quedaron sin espacio en sus antiguas organizaciones. Militantes panistas, ex perredistas —partido que incluso perdió su registro—, algunos priistas y hasta personajes identificados con el PT han comenzado a buscar acomodo en nuevas opciones políticas.
El fenómeno no es nuevo. En cada proceso electoral aparecen organizaciones que ofrecen una nueva oportunidad a quienes ya no la encuentran en los partidos tradicionales. Lo verdaderamente importante será conocer si esos proyectos representan una renovación auténtica o únicamente un cambio de membrete.
Durante un encuentro con representantes de los medios de comunicación, Mauricio de Alejandro
Martínez presentó la estructura municipal de Somos México, nombrando al maestro Juan Francisco Medina Hernández como presidente del comité local.
Ahí mismo confirmó que el partido competirá con candidatos propios en 2027, descartando cualquier alianza electoral, no solamente por decisión política, sino porque la propia legislación obliga a los partidos de reciente creación a participar solos en su primera elección si desean conservar el registro.
También aseguró que el nuevo instituto político nace como respuesta al hartazgo ciudadano frente a las malas prácticas de la política tradicional y lanzó una frase que intenta marcar distancia con el pasado: «No volveré a cometer los mismos errores».
El discurso resulta atractivo. También es conocido.
La historia política mexicana está llena de proyectos que iniciaron prometiendo ser diferentes para terminar reproduciendo exactamente los mismos vicios que criticaban. Por eso, más que las declaraciones, serán los hechos los que definan si realmente existe una nueva forma de hacer política o simplemente una nueva plataforma para los mismos actores.
La legislación electoral tampoco les concede mucho margen de maniobra. Para conservar su registro deberán alcanzar el porcentaje mínimo de votación establecido por la ley y hacerlo sin el respaldo de coaliciones. Esa será su primera gran prueba.
Mientras tanto, el escenario político de Reynosa comienza a moverse.
El PAN reconoce públicamente su debilidad; los nuevos partidos intentan ocupar los espacios vacíos; los liderazgos tradicionales buscan reinventarse y Morena, por ahora, continúa observando una oposición fragmentada, dispersa y todavía sin una figura capaz de convertirse en un verdadero competidor.
Porque una cosa es crear un partido nuevo.
Muy distinta es construir una oposición creíble.
Y esa, hasta hoy, sigue siendo la gran asignatura pendiente de la política reynosense.
Hasta la próxima

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