📜 Papeles de oro para surcos muertos: ¿De qué sirve heredar la tierra si el futuro ya huyó del ejido?
(10-Julio-2026).- hoy los viejos del campo ya tienen un papelito que dice que sus parcelas y solares tienen dueño legal y que, el día que pasen a mejor vida, se las podrán dejar a sus hijos.
La pregunta incómoda, esa que a los funcionarios de cuello blanco no les gusta responder mientras se toman la foto entregando papeles, es muy simple: ¿Quién carajos va a trabajar esa tierra?
🎓 De la parcela a las aulas (o por qué Harvard pesa más que el azadón)
Seamos realistas. Las herencias y las escrituras agrarias hoy son de otro nivel, pero el relevo generacional en el campo está muerto. Los jóvenes de los ejidos se fueron. Y no los culpes. Vieron a sus padres y abuelos partirse el alma de sol a sol, soportando las inclemencias de un clima cada vez más hostil, para terminar debiendo dinero. Esos jóvenes emigraron a las ciudades, buscaron universidades y algunos —en sentido figurado o literal— aspiran a las aulas de Harvard o de cualquier carrera que los aleje del surco.
Ya nadie quiere pertenecer a la «dinastía de los agricultores» porque, seamos francos, hoy el campo ya no da. El panorama es desolador y los datos no mienten:
❌ Cero apoyo federal: El gobierno actual se encargó de pulverizar los esquemas de financiamiento, los subsidios al diésel y los seguros catastróficos.
📉 Precios por los suelos: La política de libre importación de granos extranjeros mantiene el precio del maíz y del sorgo en el sótano, haciendo que cosechar en Tamaulipas sea un acto de heroísmo o de pura pérdida financiera.
¿Qué joven en su sano juicio va a querer heredar una hectárea que cuesta más sembrar de lo que vale su cosecha?
💱 El «impuesto» que nadie legisla y el silencio de los inocentes
Y si la economía del país no fuera suficiente, hablemos del verdadero «socio mayoritario» del campo: el crimen organizado. Curiosamente, para el discurso oficial, la inseguridad parece haber dejado de ser un problema. Claro, como ya nos acostumbramos a que los productores operen bajo el sistema de cuotas obligatorias de los grupos delincuenciales, ya nadie se escandaliza. El cobro de piso en las trillas, en el transporte y en la comercialización es parte del costo de producción que los secretarios de estado omiten en sus bitácoras de éxitos.
A todos nos preocupa el campo, pero a quienes debería de ocuparles buscar alternativas —los legisladores, los secretarios de agricultura, los gobernantes— parecen estar muy cómodos en el aire acondicionado. No hay proyectos de reconversión de cultivos, no hay planes de tecnificación y del cambio climático (ese monstruo que nos tiene con sequías prolongadas y golpes de calor históricos desde hace años) mejor ni hablamos, porque en las dependencias no hay presupuesto ni para comprar papelería.
🏚️ Mucha tierra, ningún tractor y el Chapulín Colorado muerto
Lo cierto es que nos estamos llenando de papeles legales para miles de hectáreas que se van a quedar ociosas, llenas de maleza y sin sembrar. No vemos opciones, no vemos proyectos y no vemos a gente del gobierno ocupada en rescatar el agro.
Esto nos deja una lección histórica y bastante amarga: la sociedad nunca debió soltar el control total y cedérselo al gobierno. Nos acostumbramos a estirar la mano y a confiar en una clase política que, sin importar el color, históricamente solo se ocupa de dos cosas: robar y asegurar su próxima campaña electoral.
Hoy se requiere que los ciudadanos, los sectores productivos y la sociedad civil organizada nos ocupemos de lo nuestro y tomemos las riendas. Porque si algo nos queda claro en este 2026, entre tanta demagogia agraria y aplauso barato, es que el Chapulín Colorado ya se murió… y nadie va a venir a defendernos.
Sugerencias y comentarios arabelagarcia01@hotmail.com
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