7 de julio de 2026

#DESDELAFRONTERA/ POR #PEDRONATIVIDAD

Un día como hoy, hace 13 años

Hoy es 7 de julio y, como suele ocurrir con estos tiempos digitales, Facebook me recordó una publicación de hace trece años. Pero más que un recuerdo de la red social, fue un viaje a una de las coberturas periodísticas que más adrenalina me ha tocado vivir.

Porque aquel 7 de julio de 2013 no solamente se elegía un alcalde.

Ese día se ponía a prueba un sistema político que parecía eterno.

Durante casi ocho décadas, el PRI había gobernado Nuevo Laredo con una autoridad que muchos consideraban inquebrantable. Cambiaban los nombres, cambiaban los colores de las campañas, cambiaban los discursos… pero el resultado casi siempre era el mismo.

Hasta que apareció un apellido que cargaba historia.

Carlos Canturosas Villarreal, hijo del legendario don Carlos Cantú Rosas «El Chale Boy», encabezaba la apuesta del PAN frente al priista Carlos Montiel.

Muchos creían que sería una elección competida.

Pocos imaginaban el tamaño del terremoto político que estaba por sacudir la frontera.

Desde muy temprano, durante nuestros recorridos por las casillas, algo llamaba poderosamente la atención.

Las filas.

Filas y más filas de ciudadanos esperando para votar.

Urnas prácticamente rebasadas por la cantidad de boletas depositadas.

Una participación pocas veces vista.

Era evidente que la gente no estaba saliendo únicamente a cumplir con una obligación cívica.

Estaba saliendo a decidir el futuro de su ciudad.

Fue una auténtica fiesta democrática.

Pero conforme cayó la tarde, la emoción dio paso a la tensión.

La primera casilla tardó más de lo esperado en llegar.

Y cuando en política se retrasa la primera casilla, la imaginación comienza a correr más rápido que las actas.

Recuerdo perfectamente las palabras de mi amigo y compadre Juan Manuel Reyes Cruz, mejor conocido como «El Pocho Maldito».

Con esa experiencia que dan los años siguiendo elecciones me dijo… «Si las primeras veinte casillas favorecen claramente a un solo candidato, ya podemos darlo por ganador.»

No fueron veinte.

Fueron treinta.

Luego cuarenta.

Después cincuenta.

Y entonces ya nadie tenía dudas.

Casilla tras casilla.

Una tras otra.

Todas favorecían a Carlos Canturosas.

Era una avalancha electoral.

Mientras cada resultado era anunciado, los rostros dentro del priismo reflejaban una mezcla de incredulidad y resignación.

Simplemente no podían creer lo que estaba ocurriendo.

Después de casi ochenta años gobernando la ciudad, el partido que parecía invencible estaba siendo derrotado de manera contundente.

No por una casualidad.

No por un accidente electoral.

Sino por una decisión masiva de los ciudadanos.

La tendencia se volvió irreversible.

Carlos Canturosas salió prácticamente de inmediato a declararse ganador.

Y el PRI entendió que aquella noche ya no había argumentos posibles.

El silencio terminó sustituyendo cualquier intento de explicación.

Trece años después, ese 7 de julio sigue siendo una fecha profundamente simbólica.

Porque ese día comenzó a derrumbarse un modelo político que muchos consideraban eterno.

Fue el momento en que la ciudadanía descubrió el verdadero peso de su voto.

Desde entonces, los gobiernos han ido y venido.

Los partidos han ganado y perdido.

Las preferencias han cambiado.

Pero algo quedó sembrado desde aquella jornada.

La convicción de que el voto sí puede cambiar la historia.

Trece años después, cambió la manera en que Nuevo Laredo entendió el poder.

Como siempre digo, quienes tuvimos la fortuna de cubrir aquella elección no solamente fuimos testigos de un cambio de gobierno. Fuimos testigos del día en que la historia política de Nuevo Laredo dio un giro que muy pocos imaginaban posible.

EN NLD SI DAN BECAS

Llega la temporada de entrega de becas y no faltan los alcaldes, gobernadores o funcionarios que se toman la fotografía repartiendo apoyos… que ni siquiera salen de sus presupuestos.

Se cuelgan de los programas federales.

Posan con el cheque.

Dan el discurso.

Recogen el aplauso.

Pero cuando uno revisa de dónde salió el dinero, resulta que el recurso lo puso el Gobierno Federal y ellos únicamente fueron los maestros de ceremonia.

Es una práctica bastante común.

Por eso llama la atención cuando ocurre exactamente lo contrario.

Mientras en muchos municipios presumen como propias las becas de la Federación, en Nuevo Laredo la administración de Carmen Lilia Canturosas Villarreal continúa construyendo un esquema propio de apoyos que sale directamente de las finanzas municipales.

Esta semana la alcaldesa entregó cerca de 500 becas correspondientes al programa «Juntos por el Desarrollo Cultural 2026», destinando alrededor de tres millones y medio de pesos para respaldar a artistas, músicos, bailarines, pintores, estudiantes de arte, niñas, niños y jóvenes que encuentran en la cultura una oportunidad de crecimiento.

No es un programa improvisado.

Ni un apoyo de ocasión.

Es una política pública que, según las propias cifras del municipio, ya supera los mil beneficiarios y una inversión acumulada superior a los siete millones de pesos.

Y aquí aparece un detalle que muchas veces pasa desapercibido.

Generalmente cuando se habla de becas, la conversación gira alrededor del rendimiento escolar.

Es importante.

Sin duda.

Pero gobernar también implica entender que una ciudad no solamente necesita ingenieros, abogados o médicos.

También necesita músicos.

Bailarines.

Actores.

Pintores.

Escritores.

Gestores culturales.

Porque la cultura no es un lujo reservado para unos cuantos.

Es una herramienta para reconstruir el tejido social.

Es identidad.

Es pertenencia.

Es prevención.

Es comunidad.

Mientras algunos gobiernos siguen viendo el presupuesto cultural como un gasto fácil de recortar, en Nuevo Laredo decidieron convertirlo en inversión.

Y eso también habla de prioridades.

No es casualidad que el municipio mantenga programas de becas prácticamente para todos los sectores.

Las hay para estudiantes.

Para deportistas.

Para personas con discapacidad.

Para educación especial.

Y ahora también para quienes hacen del arte una forma de vida.

SE TARDA MUCHO EL PAN EN CONTAR VOTOS

En la elección panista, La fórmula integrada por Gloria Elena Garza Jiménez y César Augusto «El Truko» Verástegui obtuvo cerca del 75 por ciento de la votación, con 3 mil 739 sufragios, frente a apenas mil 237 de Omeheira López Reyna y Francisco Garza de Coss. Más de dos mil 500 votos de diferencia.

En política esas cifras no dejan espacio para interpretaciones rebuscadas.

Eso se llama que la militancia decidió cambiar de rumbo.

Y, sobre todo, decidió cerrar un ciclo.

Porque más allá de elegir una nueva dirigencia, miles de panistas aprovecharon la oportunidad para enviar un mensaje mucho más profundo, ya no quieren la continuidad del grupo político que durante años encabezó el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca.

Sin embargo, aunque la diferencia fue demoledora, el PAN Tamaulipas sigue sin reconocer oficialmente el triunfo.

Resulta que el Comité Estatal emitió un comunicado donde, con un lenguaje perfectamente institucional, explica que será la Comisión Estatal de Procesos Electorales la única facultada para emitir el resultado oficial, que se respetan los plazos, las instituciones y que todavía continúa el proceso de cómputo y sistematización de los votos.

Todo muy bonito.

Todo muy jurídico.

Todo muy institucional.

Pero también todo muy sospechoso.

Porque estamos hablando de poco más de cinco mil votos emitidos en los 43 municipios del estado.

No de una elección presidencial.

No de un proceso nacional con millones de sufragios.

Cinco mil votos.

¿En serio resulta tan complicado contabilizarlos?

¿O el tiempo está sirviendo para otra cosa?

La pregunta es inevitable porque nadie desconoce que el PAN Tamaulipas sigue bajo la enorme influencia política del grupo de Cabeza de Vaca.

Y cuando ese grupo acaba de recibir uno de los descalabros internos más fuertes de los últimos años, cualquier retraso comienza a generar suspicacias.

Es cierto.

La Comisión Estatal de Procesos Electorales es la única instancia facultada para emitir el resultado oficial.

Eso nadie lo discute.

Las reglas son las reglas.

Pero también es cierto que la política no solamente vive de reglamentos.

También vive de señales.

Y cuando una elección presenta una diferencia cercana al 75 por ciento contra el 25 restante, prolongar innecesariamente la oficialización del resultado únicamente alimenta las versiones de que todavía se está buscando alguna rendija para arrebatar lo que las urnas ya decidieron.

Mientras tanto, del otro lado tampoco ayudan mucho.

Tras recibir una derrota que difícilmente admite interpretaciones, Omeheira López Reyna insiste en los recursos jurídicos, en las impugnaciones y en denunciar supuestas irregularidades.

Está en su derecho.

Para eso existen los procedimientos internos.

Pero una cosa es defender un derecho.

Y otra muy distinta es negarse a aceptar una realidad política.

Porque el verdadero problema no parece estar en las actas.

El verdadero mensaje salió de las urnas.

Casi tres de cada cuatro militantes le dijeron que no.

No a su proyecto.

No a la continuidad.

No al grupo político que durante años concentró las decisiones del partido.

Y ese mensaje resulta imposible esconderlo detrás de expedientes, escritos o recursos legales.

La realidad es que durante años una buena parte de la militancia sintió que fue desplazada.

Muchos panistas que construyeron al partido desde la oposición, que caminaron campañas cuando nadie apostaba por Acción Nacional, terminaron sintiendo que fueron relegados por un círculo cada vez más pequeño.

Paradójicamente, cuando el PAN alcanzó la gubernatura comenzó también su proceso de desgaste.

En apenas seis años perdió municipios estratégicos, diputaciones, estructuras territoriales y finalmente el Gobierno del Estado.

Aquella maquinaria electoral que parecía invencible terminó convertida en un partido dividido, golpeado y sin rumbo.

Por eso esta elección interna tiene mucho más significado que un simple cambio de dirigencia.

La militancia decidió darle vuelta a la página… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.

Comentarios: pedropnatividad@gmail.com