7 de julio de 2026

La unidad no se decreta, se construye

Lanzan advertencia en Reynosa: Unidad entre aspirantes para el 2027 es imprescindible

Por René Martínez Bravo

En política, las victorias más importantes no siempre se consiguen en las urnas. Muchas comienzan mucho antes, cuando un movimiento es capaz de contener sus propias diferencias, administrar las legítimas aspiraciones de sus cuadros y evitar que la competencia interna termine por convertirse en una guerra de desgaste.

Eso parece estar ocurriendo en Tamaulipas.

Conforme el calendario político se acerca al proceso electoral de 2027, el mensaje que comienza a replicarse desde distintos liderazgos morenistas es prácticamente el mismo: cerrar filas, privilegiar la unidad y comprender que el adversario no está dentro del movimiento.

No es un llamado aislado. Se escucha desde el liderazgo estatal, pero también desde las distintas expresiones regionales del sur, del centro y del norte de la entidad. Cada grupo político entiende que el mayor riesgo para Morena no necesariamente proviene de la oposición, sino de una eventual fragmentación interna.

Y Reynosa ocupa un lugar especial en esa ecuación.

No es casualidad. La ciudad representa la mayor concentración electoral de Tamaulipas y, por ello, cualquier fisura política adquiere dimensiones estatales. Lo que ocurra en Reynosa puede definir mucho más que una elección municipal; puede convertirse en un factor determinante para la estrategia electoral de todo un proyecto político.

En ese contexto, ha trascendido que durante el pasado fin de semana el llamado a la unidad también fue transmitido a los equipos políticos vinculados con la senadora Maki Ortiz y el alcalde de Reynosa Carlos Peña Ortiz.

La lógica es sencilla: impedir que las aspiraciones personales terminen debilitando una estructura que hoy mantiene una posición competitiva.

Porque las aspiraciones son legítimas. Nadie puede cuestionar el derecho de quienes han trabajado dentro de un proyecto político a buscar una candidatura. Lo que sí resulta cuestionable es cuando la desesperación, la impaciencia o los intereses particulares terminan por colocar en riesgo un objetivo colectivo.

En los corrillos políticos también se comenta que algunos integrantes de la administración municipal consideran que no todos han tenido las mismas oportunidades para posicionarse rumbo al futuro proceso interno y que existe la demanda de un auténtico piso parejo.ç

Si esa percepción existe, conviene atenderla con inteligencia política.

La respuesta, según las versiones que circulan al interior del movimiento, habría sido clara: nadie queda excluido de entrada, nadie será vetado y nadie tendrá cerradas las puertas. Será el mecanismo interno —la encuesta— el que determine quién cuenta con el mayor respaldo ciudadano y, por consecuencia, quién encabezará el proyecto.

Ese es, precisamente, el verdadero desafío.

Porque aceptar una encuesta cuando favorece las aspiraciones propias resulta sencillo. Lo verdaderamente complejo es respaldar al ganador cuando el resultado no coincide con los intereses personales.

Ahí se pone a prueba la disciplina política.

Ahí se demuestra si realmente existe convicción de pertenecer a un movimiento o si únicamente se participa mientras las circunstancias son favorables.

Morena enfrenta hoy un reto que antes vivieron otros partidos: administrar el éxito sin caer en la soberbia y procesar la pluralidad sin convertirla en división.

La historia política de México está llena de ejemplos donde las derrotas comenzaron mucho antes de las campañas, incubadas por la incapacidad de construir acuerdos internos y de privilegiar el proyecto por encima de los protagonismos.

Quizá por eso el mensaje que hoy recorre Tamaulipas tenga tanta relevancia.

La unidad no puede ser solamente un discurso pronunciado desde el templete. Debe convertirse en una práctica cotidiana, sustentada en reglas claras, igualdad de oportunidades y respeto a los mecanismos de selección.

Porque al final, más allá de nombres, grupos o aspiraciones, lo que estará en juego en 2027 será la capacidad de un movimiento para demostrar que puede mantenerse unido cuando más crece y cuando más ambiciones legítimas convergen en un mismo espacio político.

La unidad no se impone. No se ordena. Mucho menos se simula.

La unidad se construye todos los días. Y, sobre todo, se demuestra cuando llega el momento de anteponer el proyecto colectivo al interés personal.

Hasta la próxima
renovacion44@hotmail.com