1 de julio de 2026

DE PRIMERA…LA DAMA DE LA NOTICIA/ POR ARABELA GARCIA

TRUMP NOS PONE LA CORREA CORTA CON EL T-MEC; ¿SOCIO COMERCIAL O EMPLEADO CON CONTRATO POR MES?

(1-Julio-2026).- Qué bonita es la palabrería de la diplomacia cuando nos quieren vender el cuento de que somos «socios iguales» y que la prosperidad nos va a salpicar a todos. Lástima que la realidad siempre nos despierta de un bofetón. La gran bomba de este dia es que en Estados Unidos, por obra y gracia de Donald Trump y sus muchachos, decidieron que nada de firmar un papelito que nos deje en paz por 16 años. Qué esperanzas. Nos acaban de recetar la dichosa revisión anual.

Sí, leyó usted bien. Cada doce meses, como si fuéramos a renovar las placas, a pedir fiado en la tiendita o a pasar el examen de confianza, México va a tener que sentarse a ver si allá en Washington nos dan el visto bueno.

¿Que si Trump quiere el control con todo esto? Por favor, la pregunta hasta ofende. Trump no quiere un socio; quiere un empleado con contrato a prueba, de esos que dependen de si el patrón amaneció de buenas o de malas para ver si le dan chamba el próximo mes. Al negarse a congelar el tratado y exigir que se revise cada año, la Casa Blanca se asegura de tener el garrote en la mano todos los días. Si no les gusta cómo manejamos las escuelas, si les estorba la inversión que llega a nuestros parques industriales, o si simplemente necesitan votos para su campaña usando el tema de la frontera, solo tienen que apretarnos las tuercas en la revisión del año que entra. Nos tienen de la correa, pero nos lo disfrazan de «supervisión democrática».

Mientras tanto, acá en el centro del país, las autoridades intentan darnos atolito con el dedo diciendo con una sonrisa nerviosa que «el tratado sigue seguro hasta el 2036». Claro, técnicamente sí, pero entre los que de verdad se juegan el pellejo y el dinero, la música suena muy diferente.

Y ahí es donde entra el teatrito de la Conferencia Internacional y tanta pasarela donde se juntan los líderes empresariales de traje formal y los jefes de los sindicatos. ¡Qué chulada de fotos! Ver a los machuchones del dinero del brazo de los líderes obreros, muy serios ellos, firmando acuerdos y jurando que el «nuevo modelo laboral» va a cambiar las cosas para bien. Nos quieren hacer creer que con sus mesas de café y sus discursos van a doblarle las manos a los gringos.

Permítame reírme en su cara.

Esas reuniones sirven para la foto de prensa, para el buffet y para que ellos mismos se aplaudan, pero la verdad de las cosas es que el destino del T-MEC no se decide en un hotel de lujo en la frontera norte o en el centro del país ; se dicta desde los escritorios proteccionistas de Washington. Mientras los sindicatos gringos presionan para jalar agua para su molino y aquí los empresarios arman comisiones de defensa, la certidumbre —eso que necesitan las maquiladoras para decidir si invierten aquí o no— acaba de entrar a terapia intensiva. ¿Qué empresa va a querer meter millones de dólares a largo plazo si las reglas del juego pueden cambiar el año que entra porque a un funcionario en Washington le dio un dolor de estómago?

Este modelito de estarnos revisando cada año no viene a mejorar nada; viene a tenernos con el Jesús en la boca. Nos esperan años de desgaste y de estar estirando la liga. Así que, mientras los líderes sindicales y los empresarios siguen jugando a la diplomacia de salón con pliegos petitorios que van a terminar en la basura de los gringos, el verdadero dueño del balón ya nos dejó claro quién manda. El T-MEC sigue, sí, pero con la soga bien amarrada al cuello. Al tiempo.

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