17 de junio de 2026

La curul al servicio del heredero

  • Mientras acumula ausencias en el Congreso, Byron Cavazos parece más ocupado en abrir camino al próximo proyecto político de los Lara que en representar a los tamaulipecos.

Por: Martín Díaz | Periodismo con Firma
Los registros oficiales del Congreso muestran al menos quince ausencias de Byron Cavazos durante 2026. Todas justificadas. El problema es que los ciudadanos no votan por justificantes; votan por representación. En el caso de Cavazos, ni siquiera eso: el hoy diputado local jamás tuvo que pararse en una colonia a pedir el voto para ganarse la confianza de los tamaulipecos en las urnas.

Cavazos ocupa una posición de representación proporcional; llegó al Congreso por la vía cómoda de la lista plurinominal, inicialmente bajo las siglas del PAN, y hoy opera bajo la bandera de Morena. Es el suplente que heredó el espacio de Alberto Lara Bazaldúa cuando este pidió licencia. Por eso, al no deberle el cargo al voto directo de la gente, parece no sentir la menor obligación de rendirle cuentas al pleno.

Mientras los tamaulipecos pagan su salario esperando trabajo legislativo, la actividad pública del diputado suplente parece concentrarse en una sola tarea: operar como el jefe de campaña anticipado del hijo de su mentor, Brandon Lara.

El linaje político del que emana esta curul explica perfectamente el desdén por las urnas. El único trabajo real y conocido que se le registra a Alberto Lara Bazaldúa es el de regentear un sindicato de maquiladoras que se nutre del cobro sistemático de cuotas a los obreros en Reynosa. Ese millonario flujo de efectivo le ha garantizado no solo una vida de comodidades y lujos en el Valle de Texas, sino los recursos necesarios para negociar y «comprar» los primeros lugares de las listas plurinominales en cada proceso electoral.

La chequera del sindicalismo maquilador ha demostrado ser ideológicamente flexible. Al amparo de esos recursos, Lara Bazaldúa ha transitado con total comodidad por las bancadas del PAN y del PRI, dos partidos con doctrinas supuestamente opuestas, pero que en Tamaulipas terminaron arrodillados ante los mismos intere$e$.

Hoy, la escena se repite en cada rincón donde Byron Cavazos intenta simular trabajo territorial: el diputado suplente aparece como simple patiño, acompañando y placeando a Brandon Lara hijo de Alberto Lara, en un intento por pavimentar una candidatura sucesoria. La pregunta es inevitable: ¿el presupuesto público y el fuero de una diputación están para servir a los tamaulipecos o para administrar los relevos familiares de un cacicazgo sindical?

Nadie cuestiona el derecho de cualquier ciudadano a buscar una candidatura, pero resulta éticamente miserable que una curul del Congreso del Estado sea utilizada como oficina de promoción para el hijo del jefe, mientras las iniciativas y los debates legítimos se quedan en el abandono por culpa de las inasistencias.

Al final, el diputado accidental parece dedicarle más tiempo a asegurar el futuro político del heredero que a justificar con resultados su presencia en la capital del estado. Alguien tendría que recordarle a Cavazos que es un servidor público pagado por los ciudadanos, no el coordinador de campaña con fuero de una herencia familiar.

Ahí están los hechos. Que cada quién saque sus conclusiones.