¿CUÁNTO VALE EL TIEMPO DE LA PRESIDENTA DE MÉXICO?
- En estos momentos en que la presidenta de México, la Doctora Claudia Sheinbaum, viajó a España, el debate está centrado en sí la mandataria mexicana deba trasladarse en avión comercial o en una aeronave del estado mexicano, y no por un tema de populismo, sino por un asunto de eficacia y eficiencia administrativa. Así empezó Andrés Manuel López Obrador viajando en aerolíneas comerciales, pero a partir de la mitad de su gobierno prefirió hacerlo en aeronaves oficiales, tras varios incidentes donde otros pasajeros de los vuelos le insultaban y le decían hasta del huevo y la gallina.
(17-Abril-2026).- En política, los símbolos pesan. Y pesan mucho. Pero hay momentos en los que el símbolo puede convertirse en un costo… y no necesariamente en un beneficio.
El reciente viaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a España en vuelo comercial ha sido presentado como un gesto de austeridad republicana, coherente con la narrativa que ha marcado la llamada Cuarta Transformación: cercanía con el pueblo, eliminación de privilegios y rechazo a los excesos del poder.
Sin embargo, vale la pena hacer una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿cuánto vale el tiempo de la presidenta de México?
Gobernar un país como México no es una tarea menor. Se trata de coordinar decisiones que impactan a más de 120 millones de personas, atender crisis en tiempo real, mantener comunicación constante con el gabinete y responder a un entorno internacional cada vez más complejo. En ese contexto, el tiempo presidencial no es un recurso cualquiera: es un activo estratégico del Estado, es un tema de seguridad nacional.
Viajar en una aerolínea comercial puede implicar retrasos, escalas innecesarias, limitaciones logísticas, riesgos de seguridad y, sobre todo, pérdida de horas valiosas que podrían destinarse a la toma de decisiones o al ejercicio del poder público. No se trata de un tema de comodidad personal, sino de eficiencia gubernamental y de resultados políticos y económicos.
Cabe mencionar que la austeridad, cuando es inteligente, fortalece la legitimidad. Pero cuando se convierte en rigidez ideológica, puede terminar afectando la operación misma del gobierno. La pregunta entonces no es si la presidenta debe viajar con lujos, sino si el Estado mexicano está optimizando los recursos —incluido el tiempo de su jefa de Estado— para gobernar mejor.
Hay además, un ángulo que no puede ignorarse: la percepción internacional. Los jefes de Estado no solo representan a sus países en discursos, sino también en formas. La logística, la seguridad y la eficiencia en sus traslados forman parte del lenguaje diplomático no verbal. México, como una de las principales economías de América Latina, también comunica poder y seriedad a través de estos detalles.
El debate de fondo no es ideológico, sino práctico. ¿Es más valioso ahorrar en un boleto de avión o garantizar que la presidenta llegue en condiciones óptimas, con control total de su agenda y capacidad de respuesta inmediata?
En tiempos donde cada minuto cuenta —en seguridad, economía, salud o política exterior— quizá la verdadera austeridad no está en gastar menos, sino en gastar bien, porque al final del día, la pregunta sigue en el aire: ¿cuánto vale el tiempo de la presidenta de México?
PD. 1. ¿Será democracia lo que ocurre en la elección presidencial de Perú, en donde hay 35 personas disputándose la presidencia de ese país? Ay Nanita. No por nada en los últimos 10 años, ese país sudamericano ha tenido 8 presidentes.
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