Por: Martín Díaz / Periodismo con Firma
RÍO BRAVO, TAM.- En el municipio donde «nomas sus chicharrones truenan», el alcalde Miguel Ángel Almaraz ha decidido que la transparencia simplemente no tiene cabida en su gobierno. Mientras el Congreso del Estado simula vigilar las cuentas mochas de la pasada feria municipal —de la cual sigue sin haber un balance real—, el edil ya tiene un nuevo negocio entre manos: un tianguis en el mismo estacionamiento de la discordia.
A través de un video, fiel a su estilo de dueño de parcela, Almaraz anunció la renta de espacios para un mercado que abrirá sus puertas el 3 de abril. Los precios: 4 mil pesos por un cuadro de 6×6 y 2 mil por uno de 4×3. Dice que el cobro será en Tesorería, pero el manejo de este proyecto huele a la misma opacidad que rodeó a la feria.
¿Negocio público o inmobiliaria privada?
Lo que Almaraz vende como «economía para todos» es, en realidad, el uso de la estructura municipal para sus propios fines. Invita a la gente a montar estructuras metálicas en un terreno público donde nadie sabe cuánto se invirtió ni bajo qué condiciones. Resulta cínico que, mientras el Congreso amenazó con auditar pero no ha movido un solo dedo para dar resultados, el alcalde ya esté lotificando el suelo del pueblo como si fuera su propio fraccionamiento.
La parálisis cómplice del Congreso
Esta impunidad tiene un nombre: complicidad. La advertencia de los diputados sobre las transas en la feria ha quedado en una simple bravuconada para la prensa que no asusta a nadie en Río Bravo. A este paso, la famosa auditoría llegará cuando el dinero ya esté en los bolsillos de siempre y el trienio sea solo un mal recuerdo.
El feudo de Almaraz
En Río Bravo, la presidencia se maneja como una oficina particular. Los bienes del pueblo se rentan al mejor postor sin que nadie explique a dónde va a parar ese dinero. Almaraz avanza no por buena gestión, sino porque los que deberían ponerle un alto prefieren hacerse de la vista gorda o quedarse en el puro discurso allá en la capital de Tamaulipas.
Ahí están los hechos, que cada quién saque sus conclusiones.
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