Matamoros: Donde el pecado es ley, los políticos son títeres y el que no baila… no hereda el 2027
(13-Febrero-2026).- En esta bendita tierra ya perdimos la capacidad de asombro. Lo que se vive en Matamoros no se ve ni en Las Vegas: aquí nada incomoda, nada es pecado y todo parece estar permitido. Estamos en la ciudad del revés, donde los buenos son los villanos y los malos se cuelgan medallas de santos. Pero seamos sinceros: con este desorden ni se crece, ni se prospera. Solo nos estamos hundiendo en nuestra propia complacencia.
La política local se ha convertido en un teatro de sombras. Desde hace años vemos desfilar personajes tipo «Titinos», esos que no dan un paso sin que alguien les jale el hilo, bailando siempre al compás de quien los mueve desde la oscuridad.
Para los que ya andan suspirando por el 2027, la pregunta es cruda: ¿De qué tipo de político quieres ser? ¿De los que marcan una línea de hierro que los distinga o de los que se doblan al primer viento? El cambio siempre es bueno, pero en Matamoros el cambio es urgente. Ya basta de ver a los mismos «resurgir» o «reptar» para repetir el plato, haciendo como que trabajan mientras la ciudad se cae a pedazos.
Tereso Medina: El orden que el caos no quería
Pero entre tanta polvareda, hay temas que surgen al calor de la realidad obrera. No todo ha sido una tragedia. A pesar de los tiempos de ruido y agitación que trajo Susana Prieto —que al menos sirvieron para que el viejo monstruo cetemista entendiera que o se modernizaba o se moría—, hoy vemos una dinámica distinta.
Surge la figura de Tereso Medina Ramírez. Un hombre que parece entender que no se puede construir el futuro con las herramientas oxidadas del pasado. Su reciente triunfo en Matamoros (el famoso 430 contra 193 en Inteva) no fue un simple conteo; fue el rechazo total de los trabajadores a los «experimentos» que solo traen hambre y huelgas estériles.
¿Por qué Tereso sí y los agitadores no?
Mientras unos apuestan a la destrucción como estrategia, el modelo de Medina ofrece algo que en Matamoros es un lujo: estabilidad.
Sin empresa no hay sindicato: Tereso entiende que el radicalismo es el recurso de los que no tienen argumentos.
Paz laboral con «Power»: Ha demostrado que la CTM puede ser moderna y democrática sin perder el colmillo.
Certeza para el bolsillo: El obrero ya no quiere gritos, quiere que su contrato se respete y que su trabajo no corra peligro por caprichos ideológicos.
La moneda está en el aire
Matamoros fue la prueba de fuego y el resultado es inapelable: los trabajadores quieren líderes que sumen, no que resten. El mensaje para los que aspiran al poder es claro: o se imponen con visión y carácter, o seguirán siendo los «Titinos» de una ciudad que ya no aguanta más circo.
México requiere paz, no confrontación. Y Matamoros, por fin, parece haber encontrado a quien sabe marcar el paso.
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