9 de febrero de 2026

De Primera. La Dama de la Noticia/ El Congreso en la maleta: ¿Cercanía o Simbolismo?

Este martes y miércoles sesiona congreso en Matamoros
Por Arabela García
La política, durante décadas, se entendió como un ejercicio de puertas cerradas tras los muros de la capital. Sin embargo, lo que hoy presenciamos en Matamoros con el regreso del Congreso Itinerante es un arma de doble filo: una oportunidad de oro para la escucha, pero también un espejo que refleja las deudas históricas que el Estado tiene con esta región.
Es innegable que sacar las curules a la calle es un acierto de proximidad democrática. Pero no nos confundamos: el ciudadano no busca una foto con sus representantes; busca soluciones al abandono que se respira en las colonias. Mientras los diputados sesionan, afuera el clamor es por lo más elemental: empleo digno y salud funcional.
La paradoja de los recursos
El tema educativo en Tamaulipas es el ejemplo perfecto de las políticas de «claroscuros». Si bien es cierto que el actual gobierno ha impulsado un programa de becas sin precedentes que alivia el bolsillo familiar, la realidad de las aulas cuenta otra historia. Las instituciones educativas de Matamoros gritan por presupuestos de rehabilitación; de poco sirve un alumno becado si su escuela se cae a pedazos o carece de la infraestructura básica para enfrentar el crecimiento demográfico de una ciudad que no deja de expandirse.
El reto del legislador en territorio
Para que este Congreso Itinerante no sea tachado de «turismo legislativo», los diputados deben mirar más allá de la alfombra roja del evento. Deben legislar para:
  • Salud: Garantizar que los hospitales no solo tengan médicos, sino insumos básicos.
  • Empleo: Crear marcos legales que incentiven la inversión real en una frontera que compite globalmente.
  • Infraestructura: Presupuestar dinero «fresco» para la rehabilitación de escuelas que han quedado rebasadas por la mancha urbana.
El «Congreso en la maleta» es una apuesta valiente, pero llega a un Matamoros cansado de los rezagos. En una era de desafección política, que el poder busque al ciudadano es un paso correcto, siempre y cuando no se regrese a Victoria con la maleta vacía de compromisos. Matamoros no solo necesita ser escuchado; necesita que su realidad sea presupuestada y transformad
Entre la escoba y el presupuesto
En política, las imágenes suelen decir lo que los discursos callan. Recientemente, vimos al diputado Humberto Prieto Herrera, hoy mandamás del Congreso de Tamaulipas, empuñando una escoba para barrer las calles de Reynosa. La estampa, cargada de un simbolismo casi mesiánico, nos obliga a hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Es esa escoba una herramienta de limpieza urbana o simplemente el inicio de una campaña que no termina de cuajar?
La ciudadanía está cansada del «teatro político» de temporada. Barrer una banqueta frente a las cámaras es sencillo; lo verdaderamente complejo —y lo que Matamoros y todo el estado le demandan— es que esa misma energía se traslade a la fiscalización de las cuentas públicas.
¿Limpieza en la calle o en el erario?
El clamor en las plazas donde hoy sesiona el Congreso Itinerante es el mismo: transparencia. Mientras el dirigente se ocupa de la basura física, en los archivos de la Auditoría Superior del Estado se acumulan expedientes que huelen a rancio. Si Prieto Herrera realmente quiere «barrer», debe empezar por:
  • Las cuentas de los alcaldes: Esos que a todas luces han dejado a sus municipios en la opacidad mientras sus fortunas personales crecen. No basta con señalar los pecados del pasado, hay que auditar los del presente.
  • El «fantasma» de Cabeza de Vaca: La justicia en Tamaulipas no puede ser un asunto de revanchismos selectivos ni de carpetazos por conveniencia. El «barrido» debe ser parejo, sin importar el color del escudo.
La deuda con lo básico
Mientras se gasta saliva en debates de altura y se invierte tiempo en fotos barriendo calles, la gente en las colonias sigue esperando empleos que no llegan y hospitales que sí tengan medicinas. Es contradictorio ver a un Congreso «itinerante» que se mueve por todo el estado, pero cuyas acciones parecen estancadas en el mismo lodo de siempre: la falta de resultados tangibles en infraestructura escolar y servicios básicos.
Humberto Prieto tiene hoy el sartén por el mango —o, mejor dicho, la escoba en la mano—. Si su intención es genuina, que empiece por limpiar la casa legislativa y poner orden en las finanzas de los municipios que hoy roban a manos llenas bajo el amparo de la impunidad. De lo contrario, esa escoba no será recordada como el símbolo de un nuevo Tamaulipas, sino como la utilería de un actor que prefirió el «show» antes que la justicia.
Menos fotos barriendo y más cuentas claras; eso es lo que Tamaulipas espera de su dirigente. Sugerencias y comentarios arabelagarcia01@hotmail.com