- Ni santos, ni técnicos rudos: ¿Y entonces, quién?
- De luchadores a payasos: el Senado como show de media tarde
(29-Agosto-2025).- Por más que uno quiera ponerse serio, la política mexicana no ayuda. ¿Cómo se puede mantener la compostura cuando lo que debería ser un Senado se ha convertido en una arena de la Triple AAA, donde los senadores se lanzan sillas, insultos y berrinches como si estuviéramos viendo Lucha Libre AAA Worldwide versión política? Ni Blue Demon ni El Santo: los nuestros son más bien una mezcla de Latin Lover con «El Tirantes», pero sin el carisma ni el respeto por las reglas.
Ahora resulta que la gente se queja de Morena, y no sin razón: inseguridad galopante, programas del campo eliminados, un sistema de salud que más que curar, enferma, y una sensación generalizada de que cada que desaparece un programa «ineficiente», aparece un fideicomiso opaco y sin rastro. Bien ahí, transformación.
Pero entonces, si no es Morena, ¿quién? ¿El PRI de Alito? ¿Ese mismo que no puede controlar ni sus propias grabaciones filtradas, donde Alito Moreno parecía más bien protagonista de una serie de narcopolítica de Netflix? ¿O el PAN que, según Humberto Prieto, se robaba hasta el alcohol para las jeringas mientras gritaba «corrupción» con la boca llena de Carmona?
El eterno “y tú más”
Humberto Prieto, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso Local, ha salido con pruebas “contundentes” a defender al actual gobernador Américo Villarreal. Que no, que no eran ellos los amigos de los Carmona (empresarios con más sombra que calle), que en realidad eran los de antes: los Cabeza de Vaca, esos mismos que llenaban discursos de moral mientras se pasaban el presupuesto de salud por la licuadora.
Y sí, hay documentos, denuncias, 343 millones de pesos desaparecidos, desvíos en el sector salud, cinismo absoluto… ¿pero saben qué falta? Justicia. No discursos. No ruedas de prensa. No señalamientos como si fueran niños de primaria acusando quién se robó el lunch.
Pan y circo: versión 2025
¿Se pelean de verdad? Lo dudo. Esta novela es vieja: se insultan en público, se abrazan en lo oscurito y firman contratos que usted y yo jamás veremos. Es el manual básico de «distracción con espectáculo barato». Nos dan circo, nos niegan el pan y mientras nos entretenemos viendo al senador saltar desde la tercera cuerda, aprueban leyes que nadie leyó, reparten concesiones, y aseguran el siguiente negocio redondo.
¿Y el 2030 qué?
La pregunta incómoda está en el aire: si ni Morena, ni PAN, ni PRI convencen, ¿quién? Porque en cinco años ya estaremos votando otra vez por presidente, y antes de eso, por alcaldes, diputados, senadores y gobernadores. El calendario no perdona y la oferta política sigue igual de rancia que hace treinta años.
El problema es que todos están manchados, pero algunos todavía creen que con cambiarse la camiseta ya no huelen a lo mismo. Falso. La política mexicana no necesita una alternancia, necesita una depuración tipo ácido muriático. Porque aquí no hay santos. Y lo único que se transforma es el nombre del partido que mete la mano en la caja.
Hay una frase que debería enmarcarse en cada oficina de gobierno:
“Un buen funcionario no necesita que lo defiendan; necesita que lo respeten por su trabajo.”
Pero claro, eso sería pedir demasiado. Porque en Matamoros —como en casi todo México— pareciera que el puesto público viene con fuero emocional, guardaespaldas digitales y un batallón de defensores en redes sociales listos para decir que el funcionario “está haciendo lo mejor que puede” cada vez que alguien lo señala por no hacer lo que debe.
“Matamoros: ciudad donde los funcionarios sudan más con la prensa que con el trabajo”
El caso del gerente estrella… que no brilla
Tomemos el ejemplo local más sabroso: Marco Hernández, el gerente más cotizado de la Junta de Aguas de Matamoros, mejor recomendado, pero hoy prófugo de los martes en tu colonia. ¿Qué pasó, Marco? ¿Mucho sol? ¿Mucho pueblo? ¿O mucho reportero?
Parece que la prensa incomoda más que los baches, las fugas de agua o los vecinos que llevan años pidiendo una banqueta decente. Y claro, cuando los resultados no aparecen, el funcionario no camina de frente, huye por la puerta trasera. Ya no da la cara en eventos públicos porque “lo acosan”. No, señor, lo cuestionan, y eso viene en la descripción del puesto. Si no quería preguntas, debió meterse a vender seguros.
Sugerencias y comentarios arabelagarcia01@hotmail.com
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